El Mago Amargo

Parecía estar en una especie de gruta, llena de un aire cálido y seco. Al principio solo había oscuridad y silencio. Más tarde vislumbró lo que podía ser una salida, un punto lejano de luz, y del que llegaba el alegre sonido de unas campanillas. Las campanillas que le anunciaban que ya no estaba en el Reino de Lo Maravilloso.

Cuando uno creaba un Reino, y le ponía esa horterada de nombre, Cuéntame más…

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