Andrea. Capítulo III: Zas.

ZasAndrea se aparta con un salto y corre hacia la cocina. Las sirvientas se han marchado ya, y han recogido todos los utensilios, pero Andrea encuentra rápidamente el cajón de los cuchillos y elige uno de hoja larga.
—Bastará para enfrentarme a la espada de juguete de ese retaco.
—No se trata del arma, sino de la destreza con que uno la maneja —Pulgarcito ha entrado tras ella en la cocina.
—¿Y tú eres un diestro de la espada? ¿Con ese barrigón? ¡Ten cuidado no te afeite las barbas! —Y dicho esto Andrea se lanza hacia él con un rápido salto.
Sin embargo, no lo tiene fácil. Pulgarcito no es un gran espadachín, desde luego, pero es lo suficientemente hábil como para enfrentarse a ella y mantener cierta ventaja, pese a su tamaño.
Zas, zas.
—¿No decías que iba a ser pan comido?
—¡Cállate y pelea! —le grita Andrea enfurecida, mientras reparte mandobles a diestro y siniestro con el cuchillo.
Zas, zas. Zas.
—Todo se arreglaría si me devolvieras las botas…
—¡No es culpa mía que lo tuyo no sea el póquer!
Zas. Zas, zas.
Andrea se da cuenta de que no está consiguiendo nada. Su tamaño y su fuerza le dan ventaja, pero es evidente que Pulgarcito no es un aficionado y sabe lo que se hace.
Zas. Zas, zas, zas.
Y, además, piensa Andrea, se le ve muy tranquilo. Demasiado tranquilo…
En ese momento, se oyen pasos apresurados que corren hacia la cocina.
—¡Maldito embustero! —Andrea se da cuenta de pronto: —¡Sabías que vendría!¡Tenías a la Guardia sobre aviso!
Pulgarcito salta ágilmente sobre el fregadero mientras la mantiene a distancia con la espada.
—Andrea, Andrea… tan espabilada y tan inocente a la vez… Claro que sabía que vendrías… ¿Por qué crees si no que te esperaba aquí abajo?
Andrea siente cómo su irritación va en aumento. ¿Cómo puede haber caído en una trampa tan burda?
—Mandar a la Guardia a tu casa fue sólo un pequeño cebo —añade Pulgarcito con una sonrisa socarrona—. Y ahora, queridísima Caperucita, devuélveme mis botas. Es tu última oportunidad antes de que te deje en manos de la Guardia.
Los pasos se han acercado hasta la cocina: cuatro fornidos guardias aparecen por la puerta y rápidamente se sitúan alrededor de Andrea.
—¡Atrás! ¡Ni se os ocurra tocarme! —Andrea les amenaza con el cuchillo. Sus ojos brillan con fiereza.
—Señorita, por favor, cálmese y suelte el arma —el guardia la mira con ojos comprensivos—. Usted no quiere hacer daño a nadie, por favor, suelte el cuchillo y hablaremos tranquilamente de lo que ha pasado.
—¿Que suelte el cuchillo? ¿Hablar tranquilamente? ¿Pero de dónde sales tú, tío?
—Señorita, de verdad, cálmese. Usted no quiere hacer daño a nadie. Respire hondo…
—¡Pues claro que quiero hacer daño a alguien! ¡Me quiero cargar a este malnacido! ¡Y no creo que vayas a impedírmelo tú, charlatán de feria! —Su cuchillo apunta de nuevo hacia Pulgarcito.
Pero Pulgarcito baja del fregadero y enfunda su espada. El peligro ha pasado, Andrea no se atreverá a lanzarse sobre él de nuevo con aquellos cuatro maromos allí. Sabe que ha vencido.
Sin embargo, cuando apenas comienza a saborear su triunfo, capta su atención un revuelo en los pasillos adyacentes: —¡Viene el Rey! ¡El Rey se acerca! ¡El Rey, el Rey!

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Un comentario sobre “Andrea. Capítulo III: Zas.

  1. Una pelea con un cuchillo largo y una espada acorde al tamaño de Pulgarcito es algo épico de imaginar, sin duda :P. El duelo entre los dos lo he leído con una sonrisa imaginando la dificultad de pelear con alguien más bajito que tú. Y lo que más me gusta y a la vez me disgusta es que tienes tacto para cortar la historia en el punto donde se hace más interesante… Esperemos a ver qué ocurre con el rey…

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