Andrea. Capítulo V: El Yermo Eterno.

En el Yermo EternoAndrea observa con desánimo cómo la última pareja de guardias se aleja a caballo. Un destacamento especial, que patrulla las fronteras, ha sido el encargado de conducir a Andrea y a Pulgarcito hasta los confines del Reino. Una vez llegados allí, les han librado de sus ataduras y les han hecho entrega a cada uno de un hatillo con algunos utensilios básicos y algo de comida.
Poco a poco, las dos siluetas se desdibujan hasta convertirse en una fina polvareda, y Andrea, con un suspiro, se da la vuelta y dirige la mirada hacia la tierra que se encuentra ante ella.
Ni un solo árbol se divisa. Ni un arbusto. Únicamente una tierra parda, ennegrecida, se extiende hasta donde alcanza la vista. El cielo tiene un color plomizo, cargado de nubarrones prestos a la tormenta.
Andrea recuerda ahora todos los cuentos, las historias que escuchó de pequeña sobre aquel lugar. El Yermo Eterno, lo llamaba su abuela. El Vacío Gris, la Llanura Infinita, el Desierto Negro. Cualquiera de aquellos nombres que tantas veces había oído, junto al fuego de la chimenea, o en las voces asustadas de sus compañeros de juegos, describía perfectamente aquello que veía. Y ahora ella formaba parte de ese mundo, para siempre.
—Y bien, ¿qué hacemos?
La voz de Pulgarcito la saca de su ensimismamiento.
—¿Cómo que qué hacemos? ¡Hacemos! —Andrea le mira con enojo—. ¡Nada! Tú y yo no hacemos ¡nada!
Pulgarcito la mira perpleja.
—Si he acabado en este sitio es culpa tuya, y no pienso permitir que me amargues la vida más de lo que ya lo has hecho. Escoge la dirección en la que quieras ir, y yo elegiré la opuesta.
—¡Oh! Así que le amargo la vida a la señorita, ¿eh? Tú también eres responsable de esto. Si no tuvieras ese carácter que…
—¿Carácter? —le interrumpe Andrea— ¡Carácter! ¡Pues claro que tengo carácter! ¡Para no dejarme mangonear por gentuza como tú!
—¡Gentuza! ¡Ja! ¿Cómo te atreves? Llamarme gentuza a mí, ¡a un miembro de la corte!
—Miembro de la corte… ya…
—Tú sí eres gentuza… Una pobretona, una niñata con muchos humos, ¡eso es lo que eres!
Andrea se acerca a Pulgarcito y le sujeta por el cuello de la camisa.
—Escúchame bien, renacuajo. No voy a quedarme a discutir contigo aquí, ya he tenido suficiente. Voy a ir hacia el este, y tú, garbancito querido, vas a ir en cualquier dirección menos esa, ¿está claro?
Pulgarcito se desase con un gesto brusco y se aparta de ella.
—Bien, si eso es lo que quieres, te complaceré: iré hacia el oeste.
—Perfecto.
—Perfecto.
—No quiero volver a verte.
—No sucederá, quédate tranquila.

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3 comentarios sobre “Andrea. Capítulo V: El Yermo Eterno.

  1. Cortito pero intenso. Creo que será la enésima vez que te lo he dicho, pero tienes mucha destreza con los diálogos. Volviendo a la historia, comprendo que Andrea esté cabreada con Íñigo, pero me da en la nariz que estos dos van a tener el uno del otro para rato. Este ha sido breve, pero me ha encantado la situación en la que metes a los personajes. Veamos que les ocurre a continuación…

    ¡Un abrazo!

  2. Candela says:

    ¡Alaaa! Esta Andrea tuya… jajaja. Me gusta mucho, y ahora que dijiste que el Rey iba a participar más en la historia, qué ganas de seguir leyendo y ver también que encontrarán en ese sitio.

    ¡Un besote!

    • carme says:

      Hola Candela,

      cuánto me alegro de que te guste. A mí la niña esta me cae francamente bien 🙂 Veremos qué tal le va…
      A ver si encuentro un rato para continuar, que ya he remodelado un poco el guión… Pero quiero participar en el taller de literautas de este mes, y además estoy haciendo un curso de improvisación, y no sé si me va a llegar el tiempo. Confío en avanzar un poco en la historia antes de que Pedro me vuelva a echar la reganiña por colgar historias por trozos 😉
      Si el Rey va a participar más y de qué modo, eso me lo guardo, jijiji.

      ¡Un beso y feliz semana!

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