Andrea. Capítulo VII: Grimelda.

GrimeldaAndrea va recuperando poco a poco la conciencia. Lo primero que siente es la dureza del suelo sobre el que yace. Ya no está sobre tierra reseca, sino sobre una superficie uniforme y fría. Trata de moverse, pero sus miembros, agotados, no responden a su voluntad. Suspira resignada y trata de disfrutar de la sensación agradable del sol cayendo sobre sus párpados.
¿Sol? No ha visto el sol desde el día en que se alejó de las fronteras del Reino. Abre los ojos, perpleja, y descubre la cálida esfera brillando a través de los barrotes de una ventana herrumbrosa.
¿Ventana? ¿Barrotes?
Andrea trata de incorporarse para mirar a su alrededor. Esta vez lo consigue, aunque con mucho esfuerzo.
Está en una sala de apenas unos pocos metros, una especie de calabozo, amueblado con un ancho banco de madera y un taburete. Cerca suyo hay también una palangana con agua. La puerta de la sala es en realidad un simple agujero, de apenas un metro de alto, cerrado también con grandes barrotes, pero que le permite ver la sala contigua.
Para su sorpresa, la habitación adyacente es muy elegante. En la chimenea, flanqueada por dos hermosas sillas talladas en madera de nogal, luce un fuego resplandeciente. En el centro de la habitación, una gran mesa de comedor está cubierta con un mantel lleno de bordados de colores vistosos. Sobre ella, un delicado jarrón rodea con su cuerpo unos capullos de rosas blancas.
—¡Así que ya estás despierta! —La voz la sobresalta.
Unos pasos se acercan a la puerta desde un ángulo invisible de la habitación. Pronto aparece junto a los barrotes una hermosa cabeza pelirroja y pecosa, que observa a Andrea con una amable sonrisa.
—Mmmmm, toda una belleza, sí señor. Un poco delgaducha, después de esos horribles días en el Yermo, pero seguro que te recuperarás pronto.
Andrea la mira sin saber qué decir.
—No dices nada… pero seguro que tienes muchas preguntas en esa fiera cabeza tuya, ¿verdad?
Andrea asiente, entre intrigada y temerosa.
-Bueno, ante todo, me presentaré: me llamo Grimelda.
Andrea la mira dubitativa.
—Veo que mi nombre no te dice mucho… Se ve que ya no se cuentan tantas historias sobre mí. ¡Ay! —suspira Grimelda— ¡Qué tiempos aquellos en que la sola mención de mi nombre despertaba el temor hasta en los más osados! —Se aparta la rojiza melena con una mano blanca y delicada—.En fin… -continúa— ¿Y dónde están tus modales, muchacha? Preséntate tú también.
Andrea comienza a intuir que no está en mejor situación que cuando vagaba por el Yermo, pero la cabeza le da vueltas y no es capaz de pensar con claridad. Se incorpora un poco más y apenas reconoce su voz cuando de su garganta ronca surgen unas pocas palabras:
—Me llamo Andrea, Andrea López.
—Mmmm… ¿López? ¿De los López del Llano Verde?
—No, de los López de Bosquegris.
—Vaya, bueno, no conozco esa rama de la familia…
—Ahora que hemos superado las presentaciones —Andrea carraspea un poco—, ¿podrías decirme dónde estoy y cómo he llegado hasta aquí?
—¿Dónde estás? ¿Cómo has venido? ¡Ah! Una historia bien sencilla de contar. Te encontré anoche en el Yermo. Ya estabas inconsciente y medio muerta…
Andrea abre mucho los ojos.
—¿Ya no estoy en el Yermo?
—Oh, sí, el Yermo, sí, seguimos en él.
—Pero… ¿y el sol?
—Ah, eso, un encantamiento de nada, muchacha. Verás, me gusta cazar en el Yermo, pero vivir en él es agotador y deprimente. Así que cuando vengo de caza, adorno un poco los alrededores de mi humilde morada —Grimelda sonríe pícaramente.
Andrea se ha quedado petrificada al oír hablar de la caza.
—Oh, sí, amiguita mía. Eres mi caza —La sonrisa se vuelve más amplia. Un brillo de locura aparece en los ojos verdosos—. Un par de kilitos más y serás una cena estupenda.

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2 comentarios sobre “Andrea. Capítulo VII: Grimelda.

  1. Candela says:

    ¡Hola! El cuento va viento en popa a pesar de que Andreíta va en picado la pobre… No me quiero hacer ilusiones, pero hay algo que se me pasa por la cabeza, pequeñito y pícaro… *.* O también el Rey, a ver, a ver…

    Me ha encantado la “voz” de Grimelda, te ha quedado genial, espontánea y divertida. También me gusta cómo has manejado la sorpresa del nuevo entorno, trasladándola al lector con esas preguntas retóricas. En fin… esto haciendo un esfuerzo a ver si te digo algo útil, que a veces siento que me paso con el entusiasmo positivo 😛

    ¡Un abrazote!

    • carme says:

      Hola, Candela,

      con esta parte del cuento no estoy yo tan contenta. No sé si es porque lo escribí en un plis y eso me da una sensación de haber escrito cualquier cosa…
      En cuanto a la pobre Andrea, ya ves, al final la bruja voy a ser yo, tanto meterla en berenjenales…

      Gracias por pasarte a leer y a comentar, y el entusiasmo positivo siempre es bienvenido 🙂

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