La dentellada.

La dentelladaOtra vez. Tengo que ir al baño otra vez. Ya no aguanto más.
Miro a mi alrededor. Todos en el saloncito están atentos a la televisión. Aunque yo no me atrevería jamás a pedirle a nadie que me acompañase.
En el pasillo la luz se diluye poco a poco, y la puerta del distribuidor queda en penumbra. En el baño reina la oscuridad.
Y allí acecha el Lobo. Sé que me espera, como cada noche, agazapado en las tinieblas.
Quizá mi abuela quiera irse a la cama pronto. Así será ella quien avanzará en la oscuridad hasta el interruptor de la luz.
No, no puedo esperar más. Me levanto. Noto cómo mi corazón acelera sus pulsaciones, que retumban con fuerza en mis oídos.
Ya estoy en la zona oscura del pasillo. Un poco más y alcanzaré mi objetivo antes de que el Lobo se abalance sobre mí.
Lo consigo. Una enorme sensación de alivio se apodera de mi cuerpo mientras vacío mi vejiga bajo la cálida bombilla del baño.
Pero ahora tengo que volver. Debo ser rápida, y apagar la luz en el mismo instante en que comience el regreso al salón.
Siento el aliento del Lobo en mi espalda. Un olor a carne y vísceras podridas me rodea. Me sigue de cerca. Es más veloz que yo y me alcanzará. No seré capaz de vencerle, no sobreviviré.
Pero sí, lo hago. Escapo a la terrible dentellada y vuelvo al mullido sofá, donde mi familia continúa impávida frente al televisor, sin sospechar que yo, una vez más, me he enfrentado al más aterrador de mis miedos.

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