A grandes males…

A grandes males...Teodoro camina nerviosamente de un lado a otro de la biblioteca, sin descanso. Se puede percibir en él un leve tambaleo, fruto de la elevada cantidad de alcohol que ha ingerido antes de volver a casa. Dar vueltas a la habitación agrava su mareo, pero es incapaz de parar. Tiene un grave problema: sus desastrosas inversiones en bolsa le han llevado a la ruina, y ahora mismo lo único que le queda es la casa. Un antiguo caserón, perdido en el monte, propiedad de su mujer y último vestigio de la antaño augusta familia Silvela. Cuéntame más…

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Atrapada

AtrapadaEscuché un ruido y me escondí en el armario. Tuve que ser rápida, porque apenas había tiempo si no quería ser descubierta. Sabía que no debía estar allí, en aquella habitación. Si me encontraban, estaría muerta en poco tiempo.
Traté de no mover ni un músculo mientras oía acercarse el rumor de aquellos pasos. Oí el clic del interruptor de la luz y luego unos ruidos difusos. Quizás alguien desvistiéndose. Luego, el ruido inconfundible de los muelles de la cama, cuando alguien se sentó sobre ella. Un suspiro. Cuéntame más…

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25 de noviembre

25 de noviembreHéctor aparcó la furgoneta junto al parque. El follaje de los últimos árboles tapaba gran parte del vehículo, permitiéndole realizar su tarea de vigilancia de manera totalmente inadvertida.
Unos pocos metros más allá, en la acera opuesta al parque, estaba la casa de la familia Vallejos. Era una casita pequeña, con una entrada situada directamente ante la acera, sin jardín, y un solo balcón en la planta alta. La apariencia avejentada y angosta de la fachada aumentaba con el contraste de las dos casas que la flanqueaban, más amplias y mejor cuidadas. Héctor centraba su atención en el balcón. Tras aquella persiana descolorida, estaba la persona a quien se había impuesto el deber de vigilar: Amalia Vallejos. Cuéntame más…

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La muñeca

La muñeca¿Me prestas tu muñeca?
No.
Pero la has tenido tú toda la tarde…
Sí, pero porque es mía. Tú también tienes muñecas, ¿por qué no has traído una?
No se me ha ocurrido… Préstame la tuya un rato, va.
No. Estoy jugando con ella. Y es mía. Cuéntame más…

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