Nara. Capítulo V: El sacerdote y el mendigo.

NaraNara permanece unos momentos quieta, viendo alejarse a los dos hermanos, sintiendo que la invade la confusión.
No pueden ser Hansel y Gretel, claro. Sus padres les habrán puesto esos nombres por tenerle apego al cuento —piensa Nara, tratando de quitarle importancia al asunto.
Finalmente, los dos chiquillos desaparecen en un recodo del camino. Nara lanza un suspiro y se da la vuelta, mirando a la plaza. Los niños han parado de jugar y la están observando con curiosidad. Las dos viejas del portal han cesado sus cuchicheos y la miran fijamente. Cuéntame más…

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Una pandereta suena… (y II)

Una pandereta suenaYa se estaba adormilando cuando le pareció oír un ruido que venía del balcón. Miró por entre los cartones y distinguió una sombra que se movía afuera, entre las macetas. Con el corazón palpitándole con fuerza, se preguntó por qué no habría dado facilidades al ladrón dejando el balcón entreabierto. Cuéntame más…

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Una pandereta suena… (I)

Una pandereta suenaLa despertó el llanto de la vecinita. La pobre niña lloraba y gritaba a pleno pulmón. A través de la pared llegaba a entenderse el motivo: no encontraba su pandereta.
Nuria recordó el escándalo que la niña había montado ayer por la tarde, pandereta en mano y silbato en boca. Dio gracias al cielo por la desaparición del instrumento y saltó de la cama, dispuesta a no llegar tarde al trabajo por tercera vez aquella semana. Hoy, gracias a los lloros de Luisita, se había despertado suficientemente temprano como para ir a pie hasta la tienda, y ahorrarse así el engorro de buscar aparcamiento en el centro. —No hay mal que por bien no venga —pensó. Cuéntame más…

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Nara. Capítulo IV: Gotinga.

Nara¡Hola! —Nara alza la voz mientras agita su brazo a modo de saludo. Se ha ido acercando a la pareja de caminantes, que ahora están parados junto a unos matorrales y la observan con cierto recelo.
¿Hola? ¡Hola! —insiste, sin obtener respuesta.
Se acerca otro poco y distingue con más claridad las dos figuritas pálidas y delgadas.
Hola —dice por fin una vocecita.
¡Cállate, tonta! No sabemos quién es.
Me llamo Nara —dice con una sonrisa.
Sale al camino y avanza hasta ellos. Al verlos de cerca, le parece que deben ser hermano y hermana, los dos con el pelo tan rubio y hoyuelos en las mejillas. Cuéntame más…

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Nara. Capítulo III: En el bosque.

NaraNara cierra los ojos, mientras el intensísimo sabor de la manzana se extiende por su boca. No se siente flotar, como antes, y sin embargo, percibe que su cuerpo se está moviendo. Empieza a notar a su alrededor una leve brisa, y oye un ligero murmullo, como el fluir de un arroyo, acercándose a ella. Pronto las sensaciones se afianzan, y percibe efectivamente el sonido cantarín del agua resbalando por las piedras. La brisa le trae los aromas de los pinos y los alisos, como si hubiera un bosquecillo cerca. Oye un búho ulular en la lejanía.
Abre los ojos, y se asusta al notar que no puede ver nada. Cuéntame más…

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